Si pensamos en un callejón del Raval con buena electrónica posiblemente venga a nuestra mente con facilidad el épico Moog —del que Odd Oswald, protagonista de este post, también tiene mucho que ver, como veréis—, pero hace ya algunos meses —desde febrero, concretamente—, las noches Corea han insuflado una sutil y divertida renovación electrónica al lado de la filmoteca, justo en la calle más intensita y aguerrida del barrio. Porque todos los viernes, el bar 23 Robadors alberga, con Headbirds como programador, una soirée en la que un artista presenta su música durante unas cuatro horas bien servidas. Máxima libertad, apertura de miras y una buena selección abren la veda al baile en la sala de techo bajo que ya se va habituando al beat, aunque suele ser una sala de conciertos y directos de otro rollo.

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Meet Odd Oswald

Si bien he seguido con interés la programación de Corea hasta la fecha, me dejó especialmente touché la llegada al cartel de Odd Oswald, a quien sigo por sus enormes sets con el dúo Odd Parents desde hace años, creo que desde que empezaron con el proyecto, por allá 2012 si mi maltrecha memoria no falla. Si la programación de Corea apuesta principalmente por el talento local, en el caso de Odd Oswald deberíamos considerarle ya uno más en la ciudad, porque el dj y productor californiano, que empezó ahí su carrera con alocadas parties en warehouses y una residencia en el club As You Like It de San Francisco, lleva unos añitos en la capital catalana, en los que, además de asentarse en la ciudad y dejarse empapar por ella, ha establecido su sonido y su trabajo en solitario en el mundo de la electrónica vinculado a Ellum Audio, el ambicioso proyecto de Maceo Plex (con el que también tuvo una residencia en Ibiza en la fiesta Mosaic by Maceo).

Con todo ello, si algo no le falta a Odd Oswald es experiencia y gusto bizarro, que en sus sets se traduce en un abanico de sonidos y tracks de corte oscuro que te agarran con el sucio groove y no te sueltan hasta que estás sudando.

Lo suyo no es el techno de zapatilla al uso, ni el deep house elegante, lo de Odd Oswald es de todo menos previsible. Como también lo son sus noches Cult en Moog —como mencionaba al inicio de este post—, en las que una vez al mes los habituales del lugar tienen la suerte de verle actuar junto a uno de sus invitados —como Photonz o Jensen Interceptor, o incluso otros residentes afines del club como Uroz.

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Cuando hablé con Odd Oswald la noche de Corea me estuvo contando que había actuado recientemente en Madrid, primero en un club y luego en una after party, y al cabo de unas horas en un vinyl market, si no recuerdo mal. Sentí envidia sana por este gen que tienen los djs y artistas de raza, que no saben decir no a seguir poniendo sus tracks uno detrás de otro hasta que no sacian al más exigente y zumbado de la sala. El sentido del humor que gasta, así como su elocuente fluidez en los platos, le sitúan como un bendito manantial de temazos que nunca nos aburre, puesto que el ingenio se mide también en los platos, y el suyo necesita sentirse vivo y audaz, a la caza de las emociones desatadas. Odd Oswald, además, sabe también cuándo sacarse un clásico de la maleta, y hasta pinchó —en un fragmento que no está en este set que compartimos aquí, pero seguro que conocéis — NY Excuse de Soulwax a modo de lúcido remember.

Antes de pasar a gozar del set grabado en directo en Corea, nos queda abordar —y recomendar— su trabajo como productor. En los últimos tiempos, ha remezclado a Kai Anschau para el sello KAR Records (2018), sacó el EP Not Edits con estertores guitarreros y graves desbocados para High:Controla, sello madrileño, y publicó en Suara junto a Stephan Barnem, Abduction, entre otros trabajos. El futuro también pinta bien para sus nuevos trabajos en el estudio, así que estáis más que invitados a seguir su pista.

Llegados a este punto, damos paso a la pieza central de este post, el set de Odd Oswald que sacudió la calle más bizarra y agitada del Raval. Entre temblores electrónicos anda su ritmo, que bien haremos en escuchar si buscamos sonidos que escapen a lo convencional y celebren la transgresión bailable. A disfrutar.

PLAY OUT LOUD!

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