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Journeys de Razzmatazz va camino de superar en viajes al Aeroport del Prat: salida inminente dirección Chicago con 5h de The Black Madonna seguida por un inédito tour de Chelis a gusto tanto de business como de economy class para viajar incluso más allá de la city.

 

The Black Madonna, que sigue extendiendo su año on fire, pincha este sábado 15 de octubre saltando el horario clásico de club: 5 horas de puro house lanzados desde el atardecer mezclados con su inagotable energía. Pero el viaje se alargará hasta Chicago and beyond, gracias a los GPS en forma de temazos de Chelis.

Aquí tienes un mix suyo en exclusiva y otra propuesta de viaje: viajar desde el concepto que Razz mantiene con Journeys hasta un heterodoxo perfil de Chelis y las razones por las que es gracias a contados artistas como él que podemos viajar lejos sin miedo a perder el rumbo por mucho que bailando nos olvidemos de todo lo demás. Habitual de la casa y listo para el despegue, DJhonston abrirá la pista y la tarde-noche XL. Fasten your beat while dancing.

Greetings from Chicago

Las fórmulas, los cánones y los manuales de instrucciones, en el caso del mundo del arte y de la música, están para romperlos. El inventor del vinilo no pensó jamás que el scratch sería casi un deporte olímpico. Como mucho, el scratch lo asociaría al ridículo de darle un golpe al tocadiscos con tu copa de brandy y rallar el disco dejando a la sala sin sonido y a la gente con la conversación a medias.

El creador de las Roland TR no podía ni imaginar que sus máquinas acabarían siendo célebres incluso décadas después gracias a un sonido llamado acid. Al recordar a Charles Darwin de pequeño, sus profesores decían que se pasaba el día coleccionando animaluchos y que en clase hacía lo mínimo para ir tirando.

Ninguno de ellos le hubiese visto capaz de ser un buen científico y se hubiesen reído a carcajada limpia si les hubiesen dicho que ese despistado chaval iba a cambiar la historia de la ciencia de pies a cabeza. Hasta hace no tanto, por una especie de extraña regla de tres usada socialmente con regularidad, en estas tierras se consideraba como un after (en el peor sentido del término) cualquier fiesta diurna de fin de semana con electrónica y que no estuviese enmarcada dentro de la programación de un festival.

Ahora, en cambio, parece que si no hay un dj pinchando el lugar en cuestión no merezca ser considerado como algo que compartir en Instragram esbozando una sonrisa de eh, ¡lo estoy petando este weekend!

En cuanto al clubbing y a su fórmula para que funcionase debidamente en nuestro país, parecía ya incuestionable que se tenía que abrir sobre las 12am o 01am, esperar hasta las 2 para llenar la sala (y los descuentos, como máximo, hasta las 02:30h), poner el dj pro de turno entre las 2 y las 5 (a ser posible, cuanto menos tiempo mejor, así se ahorra dinero) y luego aguantar hasta que la legislación permitiese. Pensar en un cambio era ir contra natura: la gente de aquí cena tarde y sale de fiesta siempre a las tantas. ¿Para qué ponemos un dj a pinchar cinco horas si con dos ya tenemos al público que viene a verle?

Porque reajustar las tuercas del horario de clubes no serviría de nada si es para abrir a las 11 de la noche o sencillamente dándole una hora más al dj; eso sería precisamente un cambio para que nada cambie, una manera de dar la razón a los que hacen de sus opiniones y prejuicios una verdad incuestionable (ese concepto de “la gente hace” o “la gente dice”). Al hacerlo, puede que se olviden de que criticar está muy bien, pero quizás no tanto cuando la crítica sirve para justificar su inmovilismo y seguir bailando con la reconfortante autocomplacencia de la queja. 

El cambio tenía que ser cuántico, contundente y sin lugar a ambigüedades. El cambio necesitaba un experto en mentes y en música y en todo tipo de géneros musicales. Un melómano en serie capaz de pilotar cinco horas y de generar un ambientazo que permitiese a los ahí presentes creer que no era cosa de locos ni de freaks empezar una noche de fin de semana en Barcelona por todo lo alto antes de la hora de cenar. El nombre, tan científico como electrónico, lo sabéis bien, fue Floating Points.

Lo que pudo parecer una cita aislada era, en realidad, el inicio de un viaje que Razzmatazz ha emprendido con este mismo nombre: JOURNEYS. Para recuperar un horario minusvalorado por los clubes y lograr una experiencia perdurable quedó claro que no bastaba con un artista de perfil medio y cerrado ni con un gran artista que viene a cumplir: una cosa es decir que merece la pena alterar y reconfigurar los horarios de club y la otra es que eso sea coser y cantar o que cualquiera pueda hacerlo.

En cabina, hay que dejarse la piel en ello y, sobretodo, haber viajado antes por muchos lugares y de muy distintos colores, tamaños y sonidos.

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Los artesanos del segundo JOURNEYS en Razz: The Black Madonna, Chelis y DJohnston

 

De DJohnston hablaremos largo y tendido otro día, porque Pere Martí, actual residente de Razz capaz de imprimir ritmos electrónicos y levantar o cerrar pistas como quien abre o cierra las persianas de su cuarto, es también el actual programador del Mira Festival (ahí es nada) y su despegue en los platos viene de lejos, en gran medida de su residencia modo epic que tuvo en BeCool a mediados de la década pasada.

The Black Madonna

De The Black Madonna, además de deshacerme en alabanzas hacia su trabajo el pasado Sónar, sus conocimientos musicales me fascinan tanto como su actitud ante los platos y la escena de clubes —y, como decíamos, por reformular lo que puede y debe reivindicar un dj. Porque está muy bien no quererte meter en temas políticos o abocarte al hedonismo, pero si decides hablar de ello sin tapujos porque crees que tienes algo que decir, a por ello. The Black Madonna lleva un par de años de infarto con subwoofer en el corazón, y Resident Advisor ha hecho un docu between the beats exquisito este pasado verano y un perfil anterior (she still believes) que contribuyó a nivel mediático a situar a la cañera jefaza del house y el pulso electrónico de Chicago en el lugar que le pertoca: el de los que todavía creen en el poder transformador y contestatario de la electrónica y encima lo reclaman haciéndonos bailar.

La música de baile necesita riot girls. Necesita a Patti Smith. Necesita a Dj Sprinkles. La música de baile necesita bajarse los humos de la euforia y que le metan sal en sus heridas. La música de baile necesita mujeres por encima de los 40. La electrónica necesita a djs que amamantan a sus hijos para que se duerman antes de que ellas salgan al escenario. La música de baile necesita queers maniácos y adolescentes que estén realmente cansados de esta mierda. Necesita a escritores y críticos y académicos e historiadores. Necesita gente pobre y gente que no lleva los zapatos adecuados para poder entrar en el club. La música de baile necesita camisas sin collares. Necesita gente que ha estado jodida toda la semana. Gente que ha tenido que entrar antes de medianoche porque no podía pagarse la entrada completa. Lo que la música de baile no necesita más es algo que provenga del status quo.

The Black Madonna Manifesto (la traducción es mía, aquí el original)

La ciencia de lo cotidiano dice que el mood que tengas durante las primeras horas de la mañana determinará en gran medida tu flow a lo largo del día y el cómo afrontaras lo bueno o malo que tenga que ocurrir. Es decir, si quieres que el mood sea on fire, preocúpate de levantar los ánimos con la misma actitud que si fuese tu primer día de vacaciones y estuvieses haciendo la maleta para ir al Dekmantel al día siguiente. ¿Y qué hay de lo mucho que te marca el final de algo para que lo que hagas a continuación? Tras DJhonston y el viaje de 5h horas directo al Chicago black y housero de Marea Stamper, solo un experto en vuelos de alto recorrido y capaz de seguir con el carburante suficiente hasta llegar incluso más allá del Smart Bar puede hacerse cargo de la nave y ampliar los efectos expansivos y transversarles de la dj del momento.

Afortunado eres si en el último tramo de un placenetero viaje caes en sus platos. Afortunados somos de contar con Chelis y algunos pocos como él para no perder en estos lares lo que es tener vocación, técnica y conocimiento para ser DJ (en el caso de Chelis, dj en mayúsculas).

Quizás te preguntes por qué no he hablado de Chelis hasta ahora, y cómo no lo he hecho si además este texto ha sido bendecido con un enorme mix exclusivo suyo que sigue elevando la serie perfil y mix y que encabeza, como no podría ser de otro modo, este texto. La respuesta es clara: hemos estado hablando de Chelis todo el rato.

Porque al hablar de la necesidad de cuestionar y replantear cualquier fórmula que nos venga dada a nivel musical, Chelis, born and raised in Zaragoza lo ha hecho con los géneros electrónicos (y más allá de ellos) desde que comenzó a pinchar hace ya más de dos décadas. Basta con revisar los géneros por los que transitan sus sesiones: al hablar de sus gustos y de sus sesiones se habla tanto de ambient como de soul jazz, IDM, noise, funk sintético, breakcore o lo que este sábado recibiremos como el tramo exclusivo del viaje final: house del pro, con denominación de origen y planchado para la historia. Y eso, al hablar de Chelis, es quedarse corto, porque en su maleta qué duda nos cabe de que tendrá el repertorio adecuado para meternos en las turbulencias cuando más le apetezca o para sacarnos de ellas si así lo cree conveniente.

Porque al hablar de clubbing en este país Chelis está siempre entre los mencionados como los mejores y más influyentes de nuestra particular historia. Los que han crecido en su tierra le consideran un clásico y hasta un pionero, la primera generación de la estirpe. En el Sónar, también lo confirman. En esta edición del festival 2016 Chelis y Zero marcaron su debut oficial en un long awaited Versus. Mucha suerte tuvieron los que, un tiempo antes, vieron en acción al dúo Zero VS. Chelis petarlo en Magma Festival, esa noche en la que decidieron que lo de juntarse en la cabina era algo demasiado divertido como para no volver a repetir.

En resumidas cuentas, la cuestión es que no hay nadie que no hable de Chelis sin reconocer que su trabajo es un must entre los must de este país. Los premios también acuden a la hora de citarle: en la revista Rockdelux ha sido elegido como mejor dj del año en varias ediciones. Y es que esto está genial, lo de los premios. Pero los premios, ni las alabanzas, ni este artículo por sí mismo, llenan una pista de baile. Justamente esa fue su respuesta cuando le preguntaron por la influencia de los premios en los bookings. En la entrevista, fechada en 2009, también afirmaba con acierto que la escena no pueden mantenerla por sí solos los que pasan de la treintena, y al mismo tiempo decía que la fiesta murió de tanto usarla. Para no tergiversar el texto, hay que matizar que con estas afirmaciones Chelis se refería en concreto a la ciudad de Zaragoza, y él sabrá mejor que nadie la realidad de la noche en su ciudad.

Sin embargo, esas afirmaciones no me son del todo extrañas. Como barcelonés —sin ser ni referencia ni conocedor de la noche de la ciudad, y todavía menos de su día—, la sensación del poco valor que muchas veces el público le otorga al dj que está pinchando (y con ‘valor’ me refiero a algo sencillo como ‘escuchar la música y bailar’, para nada pienso en extremos como que hay que bailar llorando de emoción en primera fila y conocer todos los tracks de memoria sin usar shazam), ya sea el residente o el dj en alza internacional del momento, ha sido bastante desoladora. Peña de charletas y en grupitos que sudan de la música totalmente, algunos mendas riéndose de si tal o cual clubber viste o baila mal, chicas hasta las narices del acoso impresentable y asqueroso de tíos borrachuzos fuera de control, gente solo preocupada en sí tal o cual dj está bueno o buena y sí le pegan un grito para decírselo o no… Y así podríamos seguir y dejarnos llevar por el desánimo.

Pero, precisamente, The Black Madonna y su Manifesto van a la raíz del tema para acabar a saco con los malos rollos, las fórmulas y las actitudes dominantes. Y es que, aunque los djs de las primeras generaciones no salvarán solos la escena de ninguna ciudad ni país, sin la destreza, la constancia y el talento de los elegidos, como Chelis o The Black Madonna, muchos perderíamos la hoja de ruta. Sin ellos, sin ellas, correríamos incluso el riesgo de quedarnos sin inspiración para seguir el viaje.

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