Minau, DJ y productor de Buenos Aires y uno de los fundadores del club TCQ, comparte set grabado en el club a principios de este año y, con ello, hablamos tanto de su trabajo como artista como del club, su historia y su esperanzadora visión que une techno, comunidad e independencia económica y en la programación a partes iguales.
Minau en TCQ (Buenos Aires, febrero de 2026).
Hace unos años, en España se publicó un llamativo libro en Contra Ediciones, The Haçienda: Cómo no dirigir un club. Salvando las distancias (y los años), me vino el título del libro a la cabeza como contraejemplo a la hora de hablar de TCQ, un club techno de Buenos Aires que opera en la actualidad con programación regular semanal y a lo largo del año. Por un lado, no estamos en el momento 'revolucionario' del Manchester de los ochenta, y el techno tampoco es la vanguardia musical en la segunda década de los dosmil. Y si The Haçienda se hundió por múltiples razones, una de ellas es el alocado flow amateur de sus propietarios, algo que contrasta con el intento honesto y sensato de mantener TCQ en forma y con la mayor independencia posible en todos los sentidos (económica y artística, principalmente).
Como todo negocio, el de la música electrónica (y el techno) cuenta con sus magnates, su precariedad alrededor de ellos, sus festivales que operan gracias a fondos de inversión con dudosas conexiones e intereses (Sónar, sin ir más lejos) y clubes que logran absorber y capitalizar la energía de los pequeños en beneficio propio. Nada nuevo bajo el opaco paraguas del capitalismo tardío en clave electrónica. A veces, como es el caso de TCQ, se detecta un sonido esperanzador, y una comunidad que gestiona un proyecto con autonomía y un poco al margen de los vendavales que se mueven en otras esferas.
TCQ empezó en 2015 como un evento semanal celebrado los jueves, arrancado por Minau y Germano. Un dato curioso, o simbólico, es que ambos son hermanos. Pero quizás lo más llamativo es que, once años después, el proyecto detrás de TCQ sigue siendo familiar, y de hecho trabajan en él más familiares de Minau y Germano, junto con amigos cercanos y miembros de la comunidad que existe alrededor. Y ahí está el paralelismo con The Haçienda. Ambos clubes se formaron alrededor de intereses compartidos, no de entrevistas con "expertos de la escena" o gurús del beat, ni se tuvieron que leer decenas de CV en los que licenciados o seudolicenciados en todo tipo de labores, desde marketing digital hasta artist care manager, prometían ofrecer sus servicios con rigor y entrega. No es que toda esta profesionalización sea mala, puede ser tremendamente positiva, pero si uno empieza la casa por sus cimientos, quizás puede llegar a habitar algo más real, con mayor sentido, y del que conoce con mayor detalle sus espacios, salas y habitaciones.
· Como primera clara ventaja, el club es más grande (unos 400m2) y está justo al lado del anterior: Calle Rivadavia 1934 (Buenos Aires). Otro tema no menos importante, el sonido, también recibe una actualización: se han instalado unos altavoces RCF 945 A y un subwoofer RCF 8004.

· La pista queda ahora como un espacio diáfano, sin escaleras u otros elementos que corten la visión a la cabina o la conexión entre clubbers.
· En lo referente a actividades más allá del horario del club, han arrancado ya varios cursos y proyectos: danza con electro, sesiones de rap y hip-hop con colectivos locales e instalaciones visuales interactivas con artistas que trabajan con tecnología digital. Además, la radio y sets en streaming se grabarán en la vidriera que da a la calle, con luz natural y apto para curiosxs. También está previsto situar de manera cómoda e independiente la zona de clases de producción y para pinchar, en vinilo y digital.

· Ah, y no menos importante: baños nuevos, from scratch.
· Respecto a los próximos eventos internacionales, el 16 de octubre de 2026 actuará el alemán Paàl. Anna Amato llegará desde Italia para su sesión en TCQ el 5 de diciembre de este año.

Actualmente, TCQ abre viernes y sábados (y algunos jueves), y la programación oscila entre invitaciones internacionales y artistas afines al club, como el propio Minau. El proyecto no cuenta con residentes "oficiales", si no que las programaciones se organizan teniendo en cuenta tanto a los nombres que vienen de visita como a lxs artistas que frecuentan el lugar, ya sea para pinchar como para bailar.
Otro dato llamativo, y que no me parece baladí, es que TCQ es de los pocos espacios que conozco que ha logrado zafarse de plataformas de venta y gestión de tickets, ya sea RA o Dice, altamente populares en España. Estas plataformas, bajo la promesa de mayor visibilidad, seguridad y comodidad a la hora de ofrecer las entradas de los eventos, se zampan, como sabéis, una comisión que repercuten normalmente en los clientes, que tienen que sumar un valor extra que merma sus ya de por sí apretados bolsillos. Nadando a contracorriente, la web de TCQ es el único espacio digital en el que se pueden comprar las entradas, y también consultar carteleras y otros proyectos y membresías que está poniendo en marcha el proyecto.
De entre los proyectos recientes, destaca el lanzamiento de su propio sello, TCQ. Minau, además de DJ, es también productor, y el primer lanzamiento del label contó con su EP, Parallel Dimensions, con remixes de Stefan Vincent y Dario Evangelista.

En cuanto a los artistas de renombre que han ocupado la cabina de TCQ en los últimos años, podemos encontrar artistas como Rrose, Madwoman, Aoud, Takaaki Itoh, Ancient Methods o Safia. Sin embargo, como decíamos, el público del club no vive tan pegado a los nombres: se acerca a bailar para juntarse y disfrutar de buena música, en un entorno afín y en un espacio que lo facilita.
Tanto si eres de Buenos Aires como de otra parte de Argentina, América Latina o whatever, TCQ merece ser puesto en tu radar clubber por méritos propios. Y ya sabes, sobretodo, saluda, disfruta y baila con su enorme familia techno.
