En medio del ruido de las redes, de la sobreproducción de música electrónica (y todo tipo de música), de las relaciones interesadas y muchas otras cosas que quizás también te suenen de cerca, Jan Goertz emergió como uno de esos artistas que aportaba luz a mi feed musical, sumaba conversaciones estimulantes e ideas que pronto pudieron materializarse, y que marcaron incluso un antes y un después en mi manera de entender el techno.
Amante de los sonidos rápidos (“highly functional body music”, como los define), de unir luz y oscuridad en sus producciones, pero también abierto a otros géneros y estilos, el alemán Jan Goertz continúa con energía e independencia su andadura por el ajetreado e intenso mundo electrónico.
Detrás de la serie de eventos HYPERFOKUS y del curado y detallista sello EXEKUTE, en esta entrevista en profundidad —me atrevería a decir que la más extensa de mi carrera—, Jan Goertz y Vanity Dust hablamos sin filtro y a corazón abierto.
En esta entrevista, hablamos de todo aquello que nos fascina del mundo electrónico, de lo que nos incomoda, de los errores cometidos y, al mismo tiempo, de cómo encontramos sentido en hacer lo que hacemos, asumiendo errores y frustraciones pero, más allá de eso, buscando la manera de continuar con sentido y acordes a nuestros valores, superando crisis y uniendo lazos que nos inspiran en la búsqueda creativa y en el necesario camino hacia la estabilidad

Jan Goertz · You Play I Write 78

Vanity Dust: Cuando comentamos la posibilidad de hacer esta entrevista, me dijiste que sería tu primera entrevista “oficial”.
Para los artistas old-school, ser entrevistados forma parte del trabajo. Tienen agencias de prensa, PR y entrevistas programadas. Pero intuyo que no es tu caso, porque no hay un equipo detrás diciéndote “habla con este tipo”.
Así que quería preguntarte, para empezar: ¿cuál es tu camino actual como artista de música electrónica? ¿Cómo te ves ahora? ¿Cómo has construido no solo tu gusto, sino también tu idea de la escena y tu lugar dentro de ella?

Jan Goertz: En realidad tuve una entrevista hace unos nueve años para una revista local gratuita, financiada con publicidad. Así que, técnicamente, ya tuve una entrevista entonces, cuando llevaba dos o tres años pinchando, con otra música y bajo otro alias.
Y fue… poco agradable. El periodista no estaba realmente metido en la música electrónica, así que la forma en que expresó las cosas no representaba en absoluto cómo me sentía en aquel momento, y desde luego tampoco cómo me siento hoy. Por eso no la contaría como tal, y diría que esta es mi primera entrevista real, donde la gente se interesa de verdad por la persona, no simplemente “hagamos algo para llenar la revista”.

¿Qué edad tenías entonces?

Unos 21, creo. Ahora tengo 30, pronto cumpliré 31. Fue hace mucho. De hecho, este noviembre de 2025 celebré mi duodécimo aniversario como DJ.

Volviendo a tu primera pregunta, para mí hay dos cosas clave. Desde que empecé, me dije a mí mismo que nunca querría depender exclusivamente de la música como principal fuente de ingresos. Estudié Historia y Filosofía, aunque no terminé, y después me formé como gestor de eventos. Así que mi trabajo siempre ha estado relacionado con eventos y encuentros sociales.
La música siempre fue mi proyecto paralelo, aunque sea a lo que dedico la mayor parte de mi tiempo real. Eso no ha cambiado hasta hoy. Pero sigo teniendo un trabajo principal que paga mis facturas, y gracias a eso puedo ser completamente libre y espontáneo con lo que hago musicalmente y con todo lo que se conecta a ello.

El lugar en el que estoy ahora, y hacia donde quiero ir, tiene mucho que ver con todo lo que ocurrió antes, especialmente con la residencia que mantuve durante algo más de tres años, entre 2017 y 2020, en un club local de mi ciudad.

¿Qué música pinchabas entonces? ¿Lo consideras parte de la misma trayectoria que ahora, o algo distinto?

Yo vengo originalmente del deep house y el disco house. Pinchaba casi cada fin de semana en bares de baile locales en 2014 y 2015, sesiones de entre cuatro y ocho horas cada noche. Ahí fue donde adquirí la mayor parte de mi experiencia.
Hacia 2016 empecé a investigar más sobre techno. Era la época Drumcode… todos tenemos que empezar en algún sitio.

El club del que hablaba antes fue también una de mis primeras experiencias reales en un club de techno. Antes de eso, nunca había salido realmente de fiesta, ni consumido drogas, ni vivido todo lo que rodea a esa cultura.
Todo eso llegó a comienzos de mis veinte, y con el tiempo, junto a todas las nuevas influencias e inspiraciones, volví a reconfigurar mi sonido.

Otro buen ejemplo me que atrajo es el techno y trance rápido, como el del colectivo Fast Forward de Copenhague, que me influyó muchísimo. Me refiero a nombres como Sugar o Schacke.

Estos productores tenían un toque melódico, brillante, casi de fantasía. Aportaban algo menos oscuro al techno: seguía siendo rápido, pero no tan brutal como la tendencia del hard-techno.

Exacto. Y ese es un gran punto, porque básicamente está en el núcleo de mi visión sobre la música.

No me atrae especialmente el techno ruidoso, agresivo y duro.

Me gusta que sea rápido y con empuje, sí, pero lo que busco son disparadores emocionales, cierta dulzura amarga, profundidad y sonidos interesantes que actúan casi como “distracciones”.

Rápido, pero con sentido. Bailable, pero no violento. Esa combinación es mi punto de equilibrio. Y esa combinación, profundidad emocional con bases bailables, es lo que define el techno para mí.

Yo lo llamo “highly functional body music”. Y por supuesto, respeto y valoro cualquier otra perspectiva personal al respecto. Y, claro, hay un rango mucho más amplio de música que también me gusta escuchar, investigar y pinchar cuando se da la ocasión adecuada.

Como decía, acumulé muchas horas de experiencia en aquel club durante mucho tiempo, pinchando allí una o dos veces al mes, siempre al menos tres o cuatro horas, y a veces incluso más.
Fue allí donde empecé a hacer mis primeros sets de techno all-night-long. Primero cinco horas, luego ocho, más tarde diez. Este año incluso llegué a quince horas seguidas en Suecia.

Y diría que el final de mi residencia en ese club, por distintas razones y de diferentes maneras, me afectó a mí y a mi desarrollo. Por suerte, más para bien que para mal. Mirándolo ahora, me alegra poder situarlo en el pasado y no en el presente, porque también era, en muchos sentidos, un entorno arriesgado y tóxico. No solo para mí. Mucha gente salió marcada de aquel lugar. Algunos dejaron la música por completo.
Más allá de todas las experiencias maravillosas y las conexiones que nacieron allí, también hubo muchas cosas que se torcieron, sobre todo en lo que respecta a la comunicación honesta y directa. Y cuando llegó el coronavirus, todo se intensificó todavía más. La salida de allí me llevó a una caída muy profunda en la que, por primera vez, me pregunté: “¿De verdad debería seguir con la música?”

Fue bueno hacerme esa pregunta, porque gracias a ella acabé dándome cuenta de que sí, que quiero seguir, precisamente porque lo hago para mí mismo. La música me calma, es mi refugio, mi lugar de aprendizaje.
Pero esa duda venía sobre todo de la situación de no tener bolos a la vista, sin residencia, conel horizonte incierto. Me preguntaba: “¿Y ahora cómo sigo?” Para mí, el club era —o eso creía— la base desde la que conectar con otras personas y viajar a otros lugares.

Recuerdo estar delante del carrito de Bandcamp, con unos 70 euros en música, pensando: “¿De verdad debería comprar esto ahora? ¿Llegaré alguna vez a pinchar estos temas?” Y de repente pensé: “A la mierda. Claro que sí. Aunque sea para mí, porque amo esta música. No necesito exposición para disfrutarla”.

Así que la compré. Y creo que ese fue el momento en el que decidí, de verdad y por dentro, que siempre quiero hacer algo con la música desde una motivación más profunda que la mera vida nocturna.

Jan Goertz · Playlist de lanzamientos.

No sé si pincharé techno toda mi vida; quién sabe qué vendrá después. Pero sí sé que tengo una conexión muy profunda con la música. Y creo que, a partir de ese momento, también empecé de verdad a desarrollarme como artista.

Unos años más tarde lancé mi propia serie de eventos, HYPERFOKUS, y después el sello, EXEKUTE. Con ello he podido desarrollar mi propio nicho sonoro personal, sin estar condicionado por lo que otras personas esperaban de mí: otros DJs, invitados, gente a la que admiraba…
Por primera vez tengo un terreno despejado delante de mí, en el que solo necesito que confiar en mí mismo y hacerme responsable de mis decisiones. Dejé de intentar encajar en algún lugar. Y, a partir de ese folio en blanco, he podido simplemente hacer lo que quería y lo que siento que tenía sentido.

Sinceramente, es lo mejor que podría haber deseado. Fue una etapa dura para mí. Ese lugar era como mi familia. Era mi casa y parte de mi identidad. Fue el primer espacio y el primer momento en el que, de algún modo, pude empezar a conocerme de verdad.

EVENTO HYPERFOKUS · Alemania

De niño fui un alumno bastante problemático, con un contexto familiar también complicado, y la escena techno fue para mí un mundo nuevo, acogedor y libre de juicios. No quiero sonar dramático al decirlo, pero creo que es un camino por el que muchas personas creativas pasan de algún modo a través del arte.

Has dicho algo que me ha impactado especialmente: “Me pregunté: ¿quiero seguir haciendo música?” En algún punto de la trayectoria de un artista, creo que esta es una de las preguntas más honestas y humildes que uno puede hacerse.

Porque la “historia estándar del artista” suele ser: “Nací artista; siempre amé la música desde niño; mi padre me regaló mi primer tocadiscos; empecé a pinchar; esto es lo que siempre quise; esto es quien soy; estoy donde quiero estar; estoy trabajando duro para conseguirlo”.
Y, sinceramente, en mi opinión, eso es un relato, un discurso que te construyes sobre lo que “se supone” que debe ser, pero que en realidad está bastante lejos de lo que pasa en la vida real.

Y creo que es normal atravesar una crisis en una trayectoria larga, llegar a preguntarte cosas como: “Quizá esto no es para mí”, “Quizá no lo estoy haciendo de la manera adecuada” o “Esto no es lo que quiero”.

Lo digo porque uno de los grandes objetivos para mucha gente que intenta dedicarse a la industria musical, a “la escena”, es vivir de ello a tiempo completo.

Sí, y es una maldita industria, por desgracia. Siempre tendemos a idealizarla como “la escena” o “el underground”, pero nuestra llamada cultura de club se ha convertido, de algún modo, en una industria del club.

Exacto, totalmente. Y también a eso iba: esta industria no solo funciona como industria, sino que transmite un mensaje. Como industria capitalista, tiene una ideología. Hay una idea de cómo debe ser un DJ, de cómo debe ser una fiesta. Y todo gira en torno al éxito. Pero ya va siendo hora de preguntarse: ¿qué es el éxito? En este mundo, parece que es vivir al 100% de esto, aunque eso no te permita rendir al máximo o ser fiel a ti mismo.

Por ejemplo, he hablado con muchos DJs que se han quemado, o que ya no disfrutan lo que hacen, pero tienen que seguir porque no hay vuelta atrás. No tienen un trabajo diurno al que apoyarse. Y creo que, en esta industria, existe un punto de inflexión, un punto de no retorno. No sé qué opinas tú sobre esto.

Para empezar, has dicho algo que, en mi opinión, mucha gente no quiere aceptar. Todos lo sabemos, pero es difícil admitirlo: nosotros, y todo lo que nos rodea, estamos en cambio constante.
Nunca volverás a ser exactamente la persona que eras ayer, ni el año pasado. Y un sueño, especialmente uno que construyes en tus primeros años, puede cambiar. Y eso es comprensible y está completamente bien.

Recuerdo que cuando empecé con la música tenía 18 o 19 años. Y, claro, cuando a esa edad decides: “Quiero hacer música, quiero hacer este tipo de música”, eso no deja de ser una visión temporal. Con el tiempo cambias, empiezas a crecer. Solo el tiempo puede mostrar qué cosas permanecen y crecen contigo. Incluso puedes empezar a construir una nueva identidad: como padre o madre, como alguien que quiere prosperar en su trabajo… Tus necesidades y tu visión van adaptándose y reajustándose. Y creo que ahí también hay algo bonito: reafirmarte y seguir avanzando.

Como decías: es un gesto humilde preguntarte si la idea que tenías a comienzos de tus veinte sigue encajando con lo que sientes ahora. Y es algo que veo mucho, como tú también comentabas.

En mi opinión, esa es también una de las razones por las que la gente se quema: porque quizá ya no están disfrutando de lo que hacen.

EVENTO HYPERFOKUS · Alemania

Y veo que los dos hemos pasado por ese momento de revisarnos a nosotros mismos, en relación con lo que decías antes. Esa sensación de: “Sé que lo amo, y precisamente por eso tengo que hacerlo, aunque ahora mismo duela o no se sienta bien”.

Creo que mucha gente se queda atascada en una especie de “no tener éxito”, sea lo que sea que el éxito signifique para ellos, pero aun así siguen persiguiéndolo porque es la idea que tienen de cómo debería ser su vida o su carrera musical. Y ahí es donde, en mi caso, siento que he tenido suerte. Hay muchas cosas en las que me siento realmente afortunado. Cosas que nunca planeé, pero que ahora me han llevado a una situación con la que puedo estar contento. Por ejemplo:

Soy independiente con mi propia serie de eventos. Ya no estoy esperando a que alguien me contrate. Es maravilloso cuando sucede, claro, pero siempre tengo a la vista mi próximo bolo. Puedo hacer cosas por mí mismo. Así que no dependo de nadie, y sobre todo, no estoy esperando a nadie. Y eso me da mucha libertad mental.

Como esa dinámica de enviar música desesperadamente a sellos para conseguir bolos. Porque esto también es muy común. Y no es que me ponga triste… pero me sigue resultando bastante forzado.

Por ejemplo: hay gente a la que le encanta pinchar, pero empieza a producir porque es “el siguiente paso natural”. Nunca se habían planteado producir, quizá ni siquiera tienen talento para ello, o quizá nunca han intentado trabajarlo, pero lo hacen porque piensan que es "lo que hay que hacer".

Al final, todo tiene que ver con cómo te sientes. Y eso que has dicho me parece muy importante. Lo que veo mucho, sobre todo en artistas que están empezando ahora, es la diferencia entre ser artista y ser alguien que simplemente presta un servicio, un DJ o un productor, especialmente en tiempos de redes sociales. Mucha gente que empieza a pinchar o a producir intenta seguir y copiar el camino que otra persona ya recorrió. Se trata de repetir estéticas sonoras, fórmulas de creación de contenidos, maneras de comunicar en redes y formas de comportarse. Y eso, en mi opinión, es un problema.

La gente es perezosa, porque nuestro cerebro lo es. Busca atajos, preferiblemente caminos que otros ya han trazado, para que sea más fácil copiar que explorar tu propio enfoque y tu propia identidad. Y aquí, otra vez, siento que tuve suerte. Nunca tuve a nadie que me formara de verdad, que fuera mi tutor o el gran referente de mi sonido. Simplemente hice lo mío, por mi cuenta. Y el mejor consejo que puedo dar a otras personas es: no veas tutoriales. No intentes replicar a otros artistas. Explora de verdad. Eso es lo que da placer. Lo otro no es activo, es reactivo. Estás siempre adaptándote, en lugar de crear lo tuyo.

Y la gente que conozco que es más feliz con la música es la que hace exactamente eso: quienes simplemente hacen lo suyo, sin intentar “llegar a algún sitio”, sin obsesionarse con entrar en una agencia, sacar un EP en tal sello o conseguir que los programen en tal festival. Ves todos esos nombres en hype en redes… y luego escuchas sus historias personales… y muchos no parecen nada felices con lo que hacen ni con cómo lo hacen. Cambian de estilo solo para volver a conseguir bolos porque la tendencia ha vuelto a cambiar. Y he visto a mucha gente volverse “irrelevante” así, porque pierden su valor artístico.

Totalmente. Y al mismo tiempo, creo que cuando te aferras demasiado a la idea del éxito, acabas dependiendo siempre de cosas externas: los bolos, el dinero, el reconocimiento. Entonces empiezas a dedicar energía a tratar de llevarte bien con alguien que quizá no te cae bien, pero que algún día podría darte un bolo. Entras en el juego… No sé si has visto House of Cards, pero de algún modo empiezas a jugar a una especie de ajedrez en el que “ganar” significa vivir de esto, tener una identidad, ser respetado, convertirte en “pez gordo”. Y entras en esa dinámica. Y en el 99% de los casos no llegas a ese punto; te frustras. Y aunque llegues, nadie te garantiza que vayas a ser feliz.

Porque una vez que “ganas”, ya no hay objetivo. En el arte no se puede ganar. En la industria musical sí puedes ganar, porque ahí funciona como una competición.
Y creo que esa es la gran diferencia. Hay gente que reconfigura todo en función de la industria, pero para un artista es muy difícil adaptarse a eso y seguir sintiéndose libre o feliz.

La última entrevista que hice fue por correo, pero formaba parte de un podcast de Awadh. Y en esa entrevista él sonaba muy en paz con lo que estaba haciendo.
También tiene su trabajo de día. Como JC Laurent creó el alias Awadh porque quería explorar otros sonidos, como una especie de cara B de su proyecto. Y dijo —le cito—: “Tener un trabajo me ayuda a mantener los pies en la tierra”. A veces desearía tener más tiempo para la música, pero tiene sus bolos, su residencia. Y eso no es lo que “se supone” que debería ser, ¿no? Y me parece muy interesante, porque es otro enfoque, no el discurso comercial, sino el discurso real.

¿Quién es el verdadero DJ o productor hoy? ¿El que intenta hacerse conocido y famoso? ¿O el que trabaja en otra cosa y dedica tiempo a esto, consigue algunos bolos, etcétera? Este enfoque es mucho más humano.

Supongo que eso es lo interesante.

Si eso es un indicador, casi que no quiero ser tan “exitoso”. Ya me estresa solo imaginarme viajando cada fin de semana a diferentes ciudades europeas, sin tiempo para nada más.

Por ejemplo, anoche —y también los últimos días— he estado jugando a un juego de estrategia histórica. No suelo jugar a videojuegos, pero me encantan estos juegos en los que puedes conquistar el mundo en un contexto históricamente documentado. Y vuelvo a perderme en ellos estos días. Por eso hoy he dormido hasta tarde.

¿Qué juego es?

Europa Universalis. También me gusta la saga Total War. Son juegos increíbles. De hecho, también son la razón por la que tengo cierto interés por la historia de España —o por la historia europea en general— y por la que decidí estudiarla.
Pero lo importante es esto: mientras jugaba me di cuenta de algo. Pensé: “Genial, puedo estar haciendo esto simplemente porque tengo la libertad de hacerlo”. Mi trabajo me permite organizarme más o menos como quiero y, en la música, nadie está esperándome… salvo yo mismo.

Esa es también mi forma de enfocar el sello y a los artistas con los que publico. Justo ahora, mientras hablábamos, he recibido los premasters finales del próximo vinilo con Joline Scheffler. Tendría que haber estado listo hace ya un par de meses, pero, en lugar de obligarnos a cumplir un calendario predefinido, es mucho mejor asumir que nadie está esperando este lanzamiento excepto el artista y yo. Y está bien que así sea. Podemos tomarnos más tiempo por el bien de la calidad. No tenemos que encajar en un horario, ni publicar algo cada mes para seguir siendo “relevantes”. Ya no me importa. Por suerte.
La música seguirá siendo buena dentro de unos años. Si alguien la descubre dentro de tres o cinco, seguirá siendo igual de valiosa.

Al final se trata de hacerse una pregunta: ¿para qué? ¿Para qué estoy haciendo algo? ¿Para qué crea un artista? ¿Para uno mismo, o para las expectativas de los demás? Y esto vuelve a la idea de ser activo o reactivo. ¿Tomo decisiones de manera honesta e intuitiva, porque realmente lo deseo? ¿O tomo decisiones estratégicas basadas en lo que otros esperan de mí y en las reglas del juego?
Claro, siempre puedes publicar a las 6 de la tarde porque ChatGPT dice que es el mejor momento o, en el peor de los casos, buscar y pinchar música que las redes señalan como “la más relevante” en ese instante. Pero entonces, ¿qué queda realmente de ti?

En general, hay algo curioso con las redes sociales: todo el mundo que conozco que las usa, de algún modo, las odia o sufre con ellas y por ellas. Incluso quienes trabajan profesionalmente en ese ámbito. Nadie a mi alrededor lo hace con auténtica pasión. Es una locura. A nadie le gustan realmente las redes sociales.
Entonces… ¿a qué estamos jugando?

También quiero conectar esto con algo personal, que me resulta un poco incómodo compartir, pero que tiene sentido. Es algo que comprendí después de lo que me ocurrió con el burnout. Tuve la oportunidad de dirigir una serie de eventos los domingos en Barcelona.

Estaba muy ilusionado con ello. El caso es que decidí seguir adelante porque al principio parecía una buena idea, también porque significaba poder pinchar en esos eventos. Empecé a pinchar con 17 años, siempre he tenido platos en casa, he tocado en Barcelona por puro placer. Pero tengo que admitir que, en un momento dado, aquello empezó a superarme: pinchar una vez al mes, gestionar bookings (“traeremos a este, traeremos a aquel”), preocuparme por la venta de entradas. Me sentía culpable cuando algo no funcionaba. Aunque cobrara algo —que estaba bien—, acepto que mi compañero y yo hacíamos muchísimo trabajo.
Para mí era algo más vocacional que estratégico. Pero quizá para mi socio era más bien una partida de ajedrez: intercambio, visibilidad, hacer crecer su carrera, construir algo. Así que cuando traíamos a alguien que no era especialmente conocido, yo empezaba a mirar las ventas en Resident Advisor cada día, con estrés. También teníamos presión por parte del club: “¿Esto está funcionando? ¿Este es el sonido ‘cool’ que queremos traer?”
Y empecé a sentir justo lo que decías antes:

¿Por qué estoy haciendo esto? Quiero decir… ni siquiera necesito pinchar, en el sentido de necesidad. Me encanta hacerlo, pero no es una obligación. ¿Por qué tengo que pinchar en todos los eventos? ¿Por qué decidimos eso solo porque somos los residentes? La fiesta no siempre funcionaba bien. Algunas sesiones iban genial, otras no tanto.

Pero yo no recibía, por parte del club, ningún feedback realmente positivo, ningún apoyo al cien por cien. Y, al mismo tiempo, estaba sufriendo, tal y como decías que podía pasar. Estaba sufriendo un poco, más de lo que me reconocía a mí mismo o quería asumir.
Además teníamos que lidiar con cosas como: si traemos a este artista, quiere traer a más gente con él, pero ese no era el concepto que habíamos creado, así que nos veíamos atrapados. Y así fue como acabé colapsando. Colapsé mientras pinchaba. Y, sinceramente, nunca hubiera esperado que me ocurriera de esa manera.

Pero fue el comienzo de la caída. Nunca lo había contado públicamente, pero estaba pinchando, muy contento con la música, un domingo por la tarde. Estábamos en un club oscuro, domingo por la tarde, sol fuera, y empiezas a cuestionarte, casi sin darte cuenta: “¿Es realmente aquí donde quiero estar?”
Y, de repente, estaba poniendo un tema y paré la música por error. Pensé que estaba parando el otro deck. El club se quedó en silencio. Intenté recuperarlo, volví a poner el tema, lo arranqué de nuevo… pero fue un bajón absoluto.

Y lo que me pasó fue que, como dije, colapsé por completo. No podía seguir pinchando. Empecé a temblar, y no por nervios, sino por algo más profundo, como una sensación de: “Esto no tiene ningún sentido. ¿Qué hago aquí?” No podía mezclar bien el siguiente tema. Me estaba derrumbando en tiempo real.
Mirándolo ahora, con perspectiva, me doy cuenta de que aquello era otra cosa. Si hubiera estado en otro estado de ánimo, quizá habría parado, pedido disculpas y seguido. Pero no pude. Sentí como si toda una trayectoria se derrumbara en un solo instante, obligándome a aceptar que algo no estaba bien. Entonces tuve que parar, replantearlo todo. Y después, claro, tuve que enfrentarme a muchas más cosas. Pero ese fue mi colapso. Y vino de toda esa partida de ajedrez en la que ni siquiera sabía que estaba metido, como consecuencia de todo esto.

Antes de nada, siento mucho lo que viviste. Pero, al mismo tiempo, me alegra que tuvieras ese momento de revelación contigo mismo. Es extraño decirlo así, pero creo que sabes a qué me refiero.
Porque lo que describes, ese momento al mezclar el siguiente tema, quizá llegó mucho después del punto en el que deberías haber parado. Fue el instante en el que te diste cuenta de que todo era demasiado. Ese momento fue solo el detonante que te lo puso delante de los ojos. Y es interesante, porque conecta con algo en lo que he pensado y que se aplica a muchas cosas en la música: empiezas con una gran intención, por ejemplo con fiestas con un enfoque especial. Y eso es maravilloso. Funciona una vez, funciona dos. Y luego empiezas a tomar atajos, también por razones económicas. Quizá ya no reservas a alguien tanto por su sonido o por la persona que hay detrás, sino por su alcance o por su rendimiento. Lo mismo ocurre con los sellos. En lugar de tomarte el tiempo para un intercambio honesto con un artista, puedes saltarte la parte de descubrimiento y exploración y limitarte a pedir una carpeta de demos para elegir cuatro temas para un EP. Es el camino fácil, el que funciona en la superficie. Puede que tengas un grupo local de DJs y algunos nombres grandes para encajar las piezas y vender la noche, en lugar de programarla de verdad.

Que es, justamente, lo que decías: deja de tratarse de la idea y pasa a tratarse de llenar la sala. Y eso es algo que tengo que cuestionarme con cada evento y cada lanzamiento que hago. Como dije, por suerte no dependo económicamente de ello, pero por supuesto también estoy atravesado por la realidad económica. Cada vez tengo que volver a pensar en la idea del evento, y creo que eso es bueno… Y supongo que ahí está también la cuestión de las rutinas y la partida de ajedrez: lo sabes, en el fondo, aunque no lo admitas. Y hay gente que ni siquiera se lo reconoce a sí misma.
Y cuando te quedas atrapado en ese bucle, empiezas a tomar decisiones basadas en parámetros nuevos en lugar de en los que realmente te importaban al principio, como: “¿Debería dejar de organizar eventos si no se llenan? ¿Debería dejar de publicar música que para mí es gran arte, pero que no vende bien? ¿Es mejor productor quien publica siguiendo una fórmula todo el rato o quien explora?”
Hay personas a las que conozco y me entristece profundamente que su música se haya vuelto tan ordinaria. Tienen muchísimo potencial, pero en mis ojos su música está vacía de alma porque siguen el juego. Es solo intentar hacer el siguiente hit sobreproducido.

Lo mismo ocurre con las noches de club y con la cultura de club. Muchos clubs han perdido algo, tanto por lo que yo veo como por lo que escucho a otros. Me alegra haber podido vivir un poco de ello antes de que, más o menos, todo colapsara con el coronavirus. Los clubs, por desgracia, han perdido su dimensión social. Para mí, la diferencia entre un club y un local o una sala es precisamente el aspecto social. Un club es una construcción social de personas, con público recurrente que se conoce, aunque sea un poco. Entras allí sabiendo: “No voy a estar solo”. En cambio, si vas “solo a una sala”, puedes sentirte solo incluso yendo con amigos, porque no se trata de la interacción o el intercambio social, sino de asistir a un concierto con grandes nombres y ganar dinero.

Tuve una situación con un club que al principio quería contratarme, pero ese día no funcionaban los trenes y el bolo se retrasó. Más tarde me dijeron: “Lo hemos vuelto a pensar. Haces buena música, Jan, pero no podemos contratarte. No somos Berlín. Tenemos que ir a lo que la gente espera: más trance y pop edits, más techno duro…”. Y yo pensaba: “De acuerdo… pero ¿por qué no programáis igualmente música como la mía? Tenéis cuatro slots esa noche, podríais también desafiar a vuestro público. Darle algo nuevo, algo que no espere”. Nunca obtuve respuesta.
Y aunque comprendo perfectamente la presión económica, también creo que es un problema autoinducido. Cuando cambias la dirección artística de una institución como un club, inevitablemente tienes que lidiar con la reacción del público. Y así es como se pierde algo dentro de la noche. Por cierto, ese club ha cerrado desde entonces.

El club del que hablaba antes tenía el mismo problema. Cuando entré allí, éramos una gran familia. Todo el mundo se conocía. Éramos una pequeña comunidad en mi ciudad, de unas 200 personas “activas”. Te conocías aunque no conocieras a todos en profundidad. Sabías los nombres, quién estaba conectado con quién.
Con el tiempo, las pocas veces que volví después del coronavirus ya no conocía a la gente. No solo habían cambiado las caras: también eran menos. Como consecuencia, empezaron a perseguir “a cualquier público”, no al público adecuado. Probaron con nuevos formatos, noches de drum and bass, de goa… y evolucionaron hacia un espacio mucho más indefinido que antes. En pocas palabras: perdieron su núcleo. Anteriormente nadie miraba realmente el lineup. Sabíamos que sería buen techno. Yo fui ahí casi todos los fines de semana durante más de dos años y, aunque la música a veces decepcionara, me quedaba igual, porque sabía que me lo iba a pasar bien con mis amigos. Y eso es lo que crea un “club”.

Tengo la sensación de que algo también ha cambiado, en general, en la forma de mirar los clubs. La gente necesita ver un nombre en el cartel. Necesita una recomendación, una validación publicitaria. Necesita “especiales” que hagan que el evento sea aún más espectacular que el anterior. Por supuesto, todavía hay lugares y comunidades que lo hacen bien, y me alegra muchísimo seguir teniendo acceso a ellos.

EVENTO HYPERFOKUS · Alemania

Ahora me gustaría entrar más en tus proyectos personales, especialmente en tu sello: cómo empezó, cómo funciona, cuáles son tus planes… Porque se percibe un enfoque que no está basado en “qué es lo que funciona”, “cuál es la próxima gran tendencia”, “quién lo va a pinchar”. Es algo mucho más profundo que eso. Incluso las referencias parecen casi álbumes, con desarrollos largos; algunos temas están orientados a la pista, otros no.

Porque también —y no sé si “curioso” es la palabra adecuada— existe un enfoque particular hacia la música en muchos sellos. Para mí, básicamente hay dos tipos de estrategias a la hora de publicar música.
La primera: todo orientado al baile, 100% techno, fuerte, producido para sonar en cualquier sitio, aspirando a convertirse en el próximo gran tema.
Y la segunda: darle al artista la oportunidad de mostrar su visión musical con más libertad. Por ejemplo, incluyendo piezas ambient, cortes experimentales, junto a temas más masivos para la pista. Eso construye una identidad artística, porque hay mucho más que aquello que alimenta al mainstream.

Entonces obtienes algo así como: tema-intro ruidista → ambient oscuro → temazo de techno → otro temazo de techno.
El enfoque de apostar por otra sensibilidad, por arriesgarte a no encajar en una sola categoría, se está perdiendo. No sé qué opinas de esto o cómo lo abordas tú desde tu sello, EXEKUTE.

El primer lanzamiento de EXEKUTE firmado por BIEMSIX.

Sí, me gusta lo que acabas de decir. Un álbum, o un enfoque más conceptual, es definitivamente otra cosa.

Cuando un lanzamiento cuenta una historia larga y coherente, o al menos construye un paisaje sonoro consistente y, en el mejor de los casos, transmite también un sentido, como un “hito” dentro de tu propio trabajo, entonces eso es un álbum.
Yo, por ahora, prefiero usar el término “lanzamiento conceptual” en lugar de “álbum” para mi sello, porque todavía no creo que estemos haciendo álbumes como tal. Quizá llegue ese momento algún día. Y sí, puede que no esté únicamente orientado a la pista, aunque ya ahora mismo no lo está.

Pero aquí está la cuestión, y creo que esta es nuevamente la gran diferencia entre cultura, arte e industria: mucha gente solo quiere lo de la pista, el boom-boom, el tema sobreproducido. Y eso está bien. Está bien alimentar también a ese público; existe una demanda, el “mercado” funciona así. Muy pocas de las personas que van a los clubs están realmente interesadas en la música en sí. Conozco a mucha gente que sale porque quiere pasarlo bien, ver a sus amigos, conocer gente nueva, quizá tomar drogas y bailar con la música que haya. No les importa quién es el artista ni qué significado puede haber detrás de la música. Y eso también está bien.

Muy pocos están verdaderamente interesados en el sonido, en la escucha activa, en la investigación, en la síntesis y los sistemas sonoros. Para eso hace falta una determinada disposición mental, curiosidad y quizá también ciertas condiciones previas. Algunas personas las tienen; otras, no. Y está perfectamente bien. Yo, en mi caso, quiero llegar lo más lejos posible dentro de la música.

Lo que también quiero hacer con mis eventos y, especialmente, con el sello, es mantener siempre esta perspectiva: “¿Cómo me gustaría vivir esto si yo fuera el artista aquí?” En el pasado tuve muchas malas experiencias con sellos, en términos de comunicación, pagos, valoración y reconocimiento. Yo quiero hacerlo mejor.

En EXEKUTE sigo unas reglas muy simples. Quiero que el artista sienta que hay alguien que realmente se preocupa. No quiero publicar música solo por publicarla. Quiero sacar algo que dentro de diez años pueda mirar y decir: “Esto es buena música. Conozco a la persona y el sentido que hay detrás. Recuerdo nuestras largas charlas, el intercambio que hubo, las dificultades creativas”.
Lograr eso requiere tiempo y atención, pero me gusta que sea así. Como estamos haciendo ahora. Y eso le da al artista la sensación de que su música importa en un tiempo en el que la música —sobre todo en digital— se ha devaluado y se ha convertido en un producto de consumo. Ahora mismo mi foco no está en las ventas, sino en construir la identidad del sello y su reputación. Por supuesto, quiero que el sello sea financieramente estable y, de momento, todavía estoy aportando algo de dinero personal. Pero, si todo va bien, quizá el año que viene las ventas puedan refinanciar el siguiente vinilo por sí mismas, y luego el siguiente, y así sucesivamente. Con eso me basta. No necesito vivir de esto.

Desde la perspectiva del artista que publica: la plataforma tiene que sentirse bien. No simplemente como “otro peldaño más en la escalera”.

Déjame ponerte un ejemplo: Diffuse Reality. No conozco personalmente a la gente del sello y no quiero juzgarlos como personas. Pero la manera en que funciona el sello es, como mínimo, cuestionable… usar imágenes de stock gratuitas para las portadas, enviar mensajes copiados y pegados a muchos perfiles, no ofrecer contratos ni hablar de remuneraciones. No hay una conexión personal. Tengo amigos que han pasado por eso. El proceso es una maquinaria: aproximadamente un lanzamiento por semana. De ese modo no hay posibilidad real de que la música respire, de que sea algo especial.
¿Cuál es entonces la recompensa del artista? ¿Por qué voy a invertir mi trabajo en un proyecto que no es más que “el siguiente lanzamiento” en otra plataforma? Esto afecta a la escena y también a los productores: influye en el valor de una producción, en cómo la perciben los oyentes. ¿Es algo especial o “simplemente algo”? Y aquí volvemos a la pregunta esencial: ¿para qué estoy haciendo esto?

Así que mi enfoque es no sumarme al torrente de lanzamientos sin sentido. Quiero crear un espacio propio. Conectar con personas a las que aprecio como seres humanos y por su arte. Gente cuya música admiro de verdad. Reunirlas, construir independencia frente a las partes tóxicas del mundo exterior.

El segundo lanzamiento de EXEKUTE firmado por ADILR.

El próximo lanzamiento con Joline Scheffler es un buen ejemplo. Ella me dijo que no podía imaginar esos temas saliendo en ningún otro sello, porque para ella son demasiado personales. También descartamos la idea de incluir un artista para hacer remixes, aunque eso habría beneficiado mucho el alcance del lanzamiento. Joline ha rechazado múltiples ofertas en el pasado. No quiere ser explotada. Escuchar que alguien confía en mí y que puedo cuidar bien de proyectos así significa muchísimo para mí.

Así que sí, quizá esa sea mi respuesta cuando me preguntas por mis planes. No hay calendario. Voy a darle espacio a cada lanzamiento para respirar. Nadie nos está esperando. Nadie nos exige velocidad. Lo mismo ocurre con la necesidad de promocionar agresivamente en redes sociales. Prefiero crecer despacio, con una reputación orgánica, que crecer rápido gracias a una gran campaña de marketing.

Instagram desaparecerá o dejará de ser relevante algún día, igual que Facebook, igual que todo lo anterior. La única plataforma de redes sociales que realmente me importa es SoundCloud. Espero que SoundCloud dure todavía un buen tiempo, porque aún no tiene una competencia real.

Volviendo al mundo analógico, me gustaría que dentro de diez años alguien entre en una tienda de discos, encuentre un lanzamiento nuevo o antiguo de EXEKUTE sin conocer el sello y diga: “Guau, esta música es increíble”.


Quizá vuelva una y otra vez al catálogo del sello porque sabe que la curaduría es buena, independientemente del subgénero o del nombre del artista. Para mí es importante construir reputación a través de la calidad, no de los nombres.

No fundé el sello para demostrarle nada a nadie. Tampoco por dinero. Nació de un impulso creativo interno y como consecuencia lógica de todo lo que había hecho y vivido antes.
Lo mismo ocurre con la serie de eventos: también la hago por mí mismo, porque la mayoría de eventos me decepcionan. Así que creé mi propio espacio, y ahora sucede cada dos o tres meses.

Ahora juego mi propio juego. Quizá no sea perfecto, quizá no esté optimizado. Dentro de unos años sabré si fue el camino correcto, pero por ahora está completamente alineado conmigo tal y como es. Soy una persona “egoísta en positivo”, y todo lo que hago, lo hago para mí.
Para explicarlo un poco mejor: todo lo que hacemos —en mi humilde opinión— es, en cierto modo, egoísta. Tomemos, por ejemplo, la amistad. Buscamos sensaciones buenas en los demás, así que empezamos a invertir en una relación que, de algún modo, también nos recompensa. Lo mismo me pasa con la música.

Estaba pensando en esto que decías del “egoísmo positivo”. Me parece honesto, y tiene sentido. Y supongo que quizá también viene de tu formación filosófica, porque estudiar filosofía es estudiar la naturaleza humana.
Por ejemplo, cuando hablábamos de esos sellos que publican a artistas jóvenes, con el “artista famoso” diciendo que les está dando una oportunidad… creo que muchas veces eso es egoísmo en el mal sentido. Están sin ideas, agotados, generando contenido, utilizando talento joven gratis.
Así que tu enfoque me parece muy honesto, aunque quizá no sea algo ampliamente aceptado.

Tengo curiosidad por tu enfoque humanista en la universidad. ¿Hubo algún filósofo que influyera en tu manera de vivir?

Para mí, la diferencia entre un egoísmo positivo y uno negativo es sencilla: es positivo mientras no dañes a nadie ni pases por encima de los intereses de otros. Volvamos al ejemplo de las relaciones. Desde esa perspectiva egoísta de la que hablábamos, en el fondo no quieres estar “solo”. Buscas las buenas sensaciones que otra persona puede darte. En el mejor de los casos, tú devuelves eso mismo. Ese es un egoísmo positivo y mutuo. Pero aprovecharte de los demás, beneficiarte a costa de otra persona… eso ya es egoísmo negativo.

En cuanto a la parte filosófica: sí, sin duda me influyó, pero no de una manera académica directa. Estudié filosofía por interés personal, no con la idea de trabajar profesionalmente en ese campo.

Por ejemplo, algo que me impactó muchísimo y que fue muy revelador —aunque no de una forma agradable; fue incómodo, pero tuve que asumirlo— fue lo que ocurrió cuando colapsé aquel día del que te hablé, mientras pinchaba. Fue la primera vez que, más tarde, me hice esta pregunta: ¿Realmente quería pinchar ese día? ¿Estaba en el estado mental para hacerlo, o simplemente sentía que tenía que hacerlo?

Porque, siendo sincero, cuando reconstruí lo que había pasado en mi cabeza… era un domingo por la tarde, soleado, en Barcelona. Estaba tomando un café al aire libre justo antes. Todo estaba tranquilo, en calma. Luego entramos en el club, en la oscuridad, en mitad del día. Muchos amigos vinieron a la fiesta; hablaban alto, estaban muy animados. Los monitores no sonaban muy fuerte todavía, porque era el inicio, así que escuchaba mucho el murmullo de la gente hablando. Y, claro, no era culpa de nadie; ves a tus amigos, te alegras, charlas… pero quizá había una parte de mí que pensaba: “Hoy no es mi día para pinchar”.

Pero, por supuesto, amas la música electrónica, amas pinchar, y sientes que ni siquiera puedes permitirte hacerte esa pregunta. Porque los demás también están ahí, listos, así que piensas: “¿Por qué no debería actuar yo? Todo el mundo parece estar perfecto. ¿Por qué yo no debería estarlo también?”

A la mierda el perfeccionismo, ¡esto es arte! Me gusta tomar el ejemplo metafórico de un artista que dibuja: si tienes la máxima libertad, en el mejor de los casos entras en tu estudio con la sensación de “quiero pintar”, y lo que acabes pintando estará determinado por tus intenciones y por tus condiciones previas.
Como DJ, en cambio, también tienes que seguir las reglas de la industria. Puede que tengas una franja horaria establecida por contrato, que tengas que tocar… y además se espera que lo sientas plenamente justo en ese preciso momento. A eso se suman las expectativas sobre tu sonido, tu comportamiento, tu desempeño.
Creo que es absolutamente crucial ser consciente de para quién estás haciendo algo y recordarte que, en primer lugar, lo haces por ti. Puedes pensar y actuar de otra manera, sí, pero estoy convencido de que ese no es el camino hacia la felicidad.

Exacto. Y además te dices a ti mismo: “No, tengo que estar feliz, porque hay muchísima gente que daría lo que fuera por tener mi lugar aquí”. Pero ¿y si ese día no quieres tocar? ¿Y si sientes que no estás en el momento? Yo ni siquiera me hice esa pregunta. Tuve que hacérmela después.
Y entonces la pregunta se hizo más grande, en realidad. Se convirtió en: “¿De verdad quiero ir a este festival? ¿Realmente tengo la energía para esto?”
Cuando estaba en mis veintitantos, 25, 30, no estaba perdiendo el interés por la música en sí, pero sí estaba perdiendo la forma en que solía vivir todo aquello: las fiestas interminables, ese estilo de vida tan intenso. Quizá, de algún modo, me estaba cansando. Quizá necesitaba dar un paso atrás y ver después cómo quería volver. Tal vez dentro de dos o tres años vuelva a un festival y lo disfrute otra vez… o quizá no. No hay un “sí” o “no” claros, no hay una respuesta cerrada.

Pero fue la primera vez que me cuestioné seriamente algo que amaba. Había intentado avanzar como un caballo con anteojeras: “Me encanta pinchar, me encanta tocar, me encanta esto, amo la música, amo el techno”… y entonces, boom, colapsé. Y empiezas a preguntarte:
“¿De verdad amo esto? ¿De verdad me gusta? ¿Lo estaba haciendo por esto? ¿Por aquello? ¿Por alguna otra razón?”
Y entonces tienes que aceptar que cometiste errores, porque te estuviste empujando demasiado lejos.

Esto es muy interesante, y coincido completamente contigo en eso. Creo que hace unos minutos mencioné que uno tiene que adaptarse a las nuevas situaciones de la vida. Lo que he comprendido es que todo en la vida es un vaivén constante de subidas y bajadas. Oscila alrededor de ese punto dulce al que aspiramos, y siempre hay suficiente energía potencial como para volver a caer en ese valle otra vez. Ya sea en forma de un bajón real o simplemente como el siguiente objetivo que perseguir.

Y no es solo que ese movimiento sea necesario para sentirnos vivos y valorar su contrario. No hablo únicamente de momentos buenos y malos: nuestro cerebro, nuestra parte racional, busca estabilidad, una línea constante, ese “punto dulce”. Algo como: “Amo la música, así que tengo que amar tocar. Tengo que sentirme creativo siempre y optimizarlo todo para lograr el mejor y más preciso resultado”. Esa sería la línea recta. Pero para disfrutar realmente de todo eso necesitas estas subidas y bajadas, abrazar las caídas y los pasos atrás.

Me alegra muchísimo que, después de todos esos momentos que describías, ahora estemos aquí sentados y sigas interesado en la música, adaptándote al lugar en el que estás ahora. Y que te preguntes: “¿Qué puedo hacer ahora para volver a sentir cosas buenas con esto, aunque quizá tocar no sea lo que me aporta eso en este momento?”

Me alegra mucho que hayas vuelto al periodismo. Y eso conecta otra vez con lo que decías: tu libertad personal, la libertad necesaria para no quemarte. Porque cuando entras en ese túnel y te mientes diciendo: “Tengo que pasarlo bien ahora. Tengo que hacer esto”, empiezas a actuar bajo una presión autoimpuesta que va creciendo… Y tendemos a pensar que la presión viene de fuera. Pero en realidad somos activos y tenemos control sobre nosotros mismos. No puedes forzarte sin tener luego que vivir con las consecuencias. El peor escenario es el colapso, el burnout, abandonar tu pasión y tu hobby.

Conocí a gente en mis primeros años, DJs locales que siguen haciendo lo suyo con una actitud de: “Bueno, lo hago porque llevo haciéndolo diez, veinte años”. Ya no con la curiosidad con la que quizá empezaron. De vez en cuando pienso en esas personas y miro sus redes para ver qué hacen o qué no hacen. Y resulta casi curioso ver cómo algunos simplemente desaparecieron con el tiempo, aunque aquello era toda su identidad. Muy pocos lograron reinventarse.

Otro ejemplo: conozco a una persona que llevaba un club “como proyecto paralelo”, pero terminó delegando la gestión operativa. Ahora es fotógrafo de caballos en Islandia. Ese es su trabajo, su sueño, su pasión ahora. No sé si sigue pinchando o disfrutando del techno, pero parece feliz y ha encontrado su lugar. Yo, personalmente, prefiero adaptarme a ese movimiento oscilante antes que aferrarme a una idea presionada y perder la pasión que alguna vez sentí por algo.

Así que, en el fondo, lo mejor que uno puede hacer es no entrar siquiera en ese camino de presión autoimpuesta, para preservar lo contrario: la libertad, que para mí es un elemento esencial del arte y de la creatividad.

Para conectar con lo que dices, veo otra versión de esto muy de cerca, en gente que conozco. Ves a personas de 40 o finales de los 40 que aún no han sido capaces de parar. No colapsan, no se queman… simplemente continúan. Y no sé qué es peor: quemarte y apartarte, quizá reenfocando las cosas de otra manera… o seguir jugando a la partida de ajedrez con 40 o 45 años.

Criticando a la generación joven: “Esto es porque el techno ha cambiado… la escena ya no es como cuando yo era joven, antes era mejor”. Echando la culpa a otros: “Es culpa de los demás que yo no me sienta bien”. “No tengo éxito porque soy fiel a mí mismo y hago música que nadie entiende. Soy auténtico, esto es como debería ser”.
Y luego critican a los jóvenes que tienen más éxito, porque “no están haciendo techno de verdad”, como si solo ellos supieran qué es el techno auténtico.

Entonces aparecen la frustración y la rabia. Reúnen a unas cuantas personas a su alrededor que los admiran porque han publicado algunos discos, han tenido algunos bolos. Intentan influir en gente más joven para sentirse importantes. Llega alguien que acaba de entrar en el techno y le dicen: “Sí, sí, no escuches esto, esto es comercial. Escucha aquello, esto es lo auténtico. Detroit, esto, lo otro…” Hay toda una narrativa detrás.
Y la mayoría de las veces son hombres —hombres de 40 o 50 años— que siguen consiguiendo bolos y peleando. Y quizá ya es hora de dejarlo, ¿sabes? O quizá no. Pero mi impresión es que no le hacen bien a nadie. Ni siquiera a sí mismos. Hay ahí un ego que no es positivo. Un ego pegado a una identidad que se creó en su momento y que ahora no pueden cuestionar porque duele. Duele ver que has estado actuando, pinchando, haciendo música de una forma que en realidad no te llena, aunque desde fuera parezca emocionante.

La verdad es que me entristece un poco lo que acabas de decir… Hablar de nuestras observaciones comunes sobre el estado de la “industria” me hace sentir algo cansado y desmoralizado. Como dije, el arte necesita cierto grado de libertad, y da la sensación de que la situación actual está impidiendo que surja mucho arte valioso y muchos artistas, si no están dispuestos a jugar el juego. Está bloqueando el potencial que podría tener nuestra subcultura. Por suerte, aún quedamos personas como tú y como yo creando cosas con corazón y con pasión.

Ahora mismo estoy leyendo un libro sobre la creatividad. Lo tengo aquí, es de Rick Rubin, The Creative Act: A Way of Being. Trata realmente de lo que puede significar ser creativo. Como decía: incluso tener una conversación con alguien es un acto creativo. Y también habla de cómo obtenemos la inspiración, qué es exactamente la inspiración, cómo recopilamos información y cuáles son nuestros filtros. Deberíamos intentar absorber tanta información como podamos para luego recrear cosas. La cultura se basa en eso, en una red en constante evolución hecha de todos estos pequeños puntos: nosotros.

Si me tomo como ejemplo: soy la suma de todas mis influencias a lo largo de la vida. Crear es reproducir todo eso, pero a través de mis intenciones internas, mis interpretaciones y mis emociones. Y como consecuencia lógica, el mayor objetivo que puede tener un artista, en mi opinión, es inspirar a otras personas, a los siguientes puntos de esa red. No de forma forzada, sino dándole a alguien una sensación de: “Vaya, esto es interesante. Esto me hace algo por dentro. Me dan ganas de crear, de recrear, de hacer algo con esto. Bailarlo, hablar de ello, interpretarlo”. Así es como funciona la cultura, así es como funcionan las redes.

Tú, sin duda, me has inspirado. Si no, no estaríamos teniendo esta conexión. No habría hecho el tema para tu serie de lanzamientos, ni siquiera nos habríamos puesto en contacto. Porque sentí: “Vale, aquí hay algo con lo que conecto. Esta conversación, este intercambio y mis visiones me hacen sentir bien”.
Eso es lo que la gente recibe de manera natural en una comunidad cultural abierta y a través de sus interacciones. Ven algo como: “Esta persona hace algo interesante: música, arte, la forma en que habla, etc. Quiero incorporar un poco de eso en mí”. De forma consciente o inconsciente. La música que escucho, la gente que conozco… todo eso me lleva a ser creativo como soy. No es una decisión puramente individual: es la suma de todo eso. Pero cuando tenemos un entorno tóxico, donde esos “multiplicadores” no actúan con intención libre porque están jugando “al juego”, a la partida de ajedrez, eso envenena la forma en que la cultura existe y la manera en que recibimos la información.

Otra cosa que el juego y las reglas de la industria también han impedido es que ya no exista música realmente nueva en el mainstream. La última gran revolución musical fue, en mi opinión, en los 80/90 con el techno y los subgéneros que vinieron después dentro de la música electrónica de baile. Antes, los 50 tenían su música, los 60 la suya, los 70 la suya. Siempre aparecía algo nuevo.
Desde los 2000, en la superficie no ha habido un género verdaderamente nuevo y rompedor. Tuvimos soul, jazz, reggae, rock… pero después del techno no ha surgido un nuevo lenguaje musical de ese calibre. Y eso también ocurre porque esta industria nos mantiene atrapados en un bucle: reproduciendo lo que ya existe, en lugar de explorar algo nuevo. Quizá dentro de unos años piense diferente sobre esto, ojalá. Ahora mismo estoy un poco pesimista. Ya veremos.

Recuerdo perfectamente el momento en que me escribiste hace unos años. Sinceramente, al principio fue como… vale… mi primera reacción fue más bien escéptica. Porque hay gente que te envía cosas y te cuenta historias, ya sabes. Pero tu forma de acercarte a mí me llamó la atención. Y cuando escuché tu música pensé: “¿Pero qué demonios? Esto es realmente bueno”. Y fue como: claro, podemos hacer algo juntos.
Y pasó el tiempo y empezamos a compartir más cosas, y vi que estabas haciendo proyectos súper interesantes. Y finalmente hemos llegado a esta conversación en la que puedo contarte cosas que no he podido explicar a mucha gente de la escena de Barcelona, porque no he tenido la ocasión, porque de algún modo desaparecí. Y luego esas personas también desaparecen, porque ya no las ves en los clubs, ya no hablas de lineups ni de música como antes, porque estás fuera del juego.

Pero gracias a conversaciones como esta, resurge de nuevo el sentido, incluso después de la crisis por la que he pasado.

Through Oceans (Dub Mix) de Jan Goertz · Lanzado en 2023 en Dust Trax.

Hay algo que dijiste —y creo que podría ayudar a mucha gente— que me gustó especialmente: la cuestión de la vulnerabilidad. Yo también me siento en una posición afortunada, porque ya no tengo miedo de ser vulnerable. Puede que no sea una decisión fácil, pero sin duda es una decisión que recompensa ser abierto con lo que sientes.

Yo también necesité terapia para llegar a eso. Y esto me vuelve a llevar al tema de ser activo o reactivo: ¿juego al juego porque todo el mundo lo está jugando y tengo que ser cool e invencible ahora mismo? ¿O simplemente soy, aquí y ahora, y acepto, por ejemplo, que no todo el mundo va a conectar con lo que hago?

Y sí, sobre el motivo por el que quise apoyarte: estaba pensando en ello, no recuerdo exactamente cuáles fueron mis primeras impresiones, pero cuando me topé con tu página recuerdo que sentí que era algo con identidad propia. Vi la imagen digital de un proyecto impulsado por la pasión y la dedicación, no por el número de seguidores, las reacciones o la publicidad. Hace falta mucha pasión para evitar caer en esas trampas.
Y eso fue lo que me resultó inspirador, porque creo que también me agarró en un momento en el que yo mismo estaba replanteándome cosas, como lo del club y todo lo que estaba pasando. Creo que nos conocimos en 2019–2020, ¿podría ser? Encajaría perfectamente con aquel contexto. Y fue inspirador en un sentido más amplio: es precioso que haya gente que hace su camino durante años, simplemente por su propia búsqueda, de alguna manera.

Aprecio mucho tus palabras sobre todo esto; significan mucho para mí, y estoy de acuerdo con ellas. Yo siempre he escrito porque de verdad lo disfrutaba. Unir mi enfoque periodístico con la música electrónica ha sido un punto clave en la identidad de Vanity, y también mi manera de entender la música a través de las palabras, sin límites, sin tendencias, sin presión de extensión ni de un editor.
Por ejemplo, durante la pandemia mi forma de escribir era esta: recibía un tema, un EP, un álbum, básicamente para publicar una premiere. Pero luego escribía un texto que se convertía en una historia totalmente personal, algo que me desafiaba creativamente. Si el título del track era —no sé— cualquier cosa, empezaba a pensar en ese “cualquier cosa”. Buscaba información, intentaba imaginar qué podía estar pensando el artista con eso, aunque quizá no fuera así. Y escribía historias personales, interpretaba cosas. Me lo pasaba muy bien haciéndolo. Y quizá alguien lo leía y también disfrutaba, ¿sabes? Porque esa era la idea. No hablar de la música como si fuera un experto: “Este tema suena así, está hecho con este modular, con este sintetizador…”. No. Eso no es lo mío. No tengo tanta experiencia técnica. Así que escribía desde un lugar más libre, más cercano al flujo del pensamiento. Una especie de libertad que quería explorar también con el techno.

Y, como dices, en un momento dado empecé a filtrar entrevistas. Como el 90% de las entrevistas que me ofrecían en mis últimos años las rechacé, sobre todo las entrevistas por email. Solo aceptaba casos muy especiales. Las entrevistas por mail no son naturales.

Tuve la oportunidad —y esto es una historia personal— de entrevistar a un artista muy trending hace algunos años. Una revista me ofreció hacer la entrevista. Era algo bastante comercial, pero pensé: me pagan algo, voy a conocer a esta persona y tener una conversación de verdad. Esa era mi idea. Así que fui. Era una entrevista en directo, con vídeo y todo, aunque yo no aparecía. Podía firmar el texto si la entrevista quedaba bien, así que todo tenía sentido para mí.
La verdad es que disfruté muchísimo la charla. El artista respondió con mucha honestidad, con calma, diciendo cosas que no eran el típico discurso prefabricado.

Mi sorpresa fue cuando publicaron la entrevista escrita. La revista recibió un mensaje del mánager del artista pidiendo retirarla inmediatamente, porque era demasiado personal y no encajaba con el relato comercial que el artista debía proyectar públicamente. Y volvemos otra vez a la partida de ajedrez.

Y resulta muy interesante lo que acabas de decir: que, en realidad, el artista no era así, que quería ser otra cosa, más personal y directo… pero había fuerzas que le empujaban a no ser quien realmente era. Supongo que eso es, en el fondo, lo que estás tratando de decirme ahora.

Sí, totalmente. El artista explicó cosas que eran completamente naturales: cómo empezó en la música, qué hacía antes, por qué había puesto tal nombre a un tema… Y era material muy personal. Yo pensaba: “Vale, interesante, sigamos por aquí”. Pero cuando llegué a casa y me puse a escribir, estuve dos o tres horas traduciendo todo y preparando el texto. Entonces el mánager lo leyó y dijo: hay que cancelar la entrevista y retirarla, como te decía antes. No había ni una sola respuesta que le pareciera “segura”. Me dijo: “No quiero este artículo. No es la imagen con la que quiero que se vea a mi artista”.

¿Y qué hizo el artista al respecto? ¿Cuál era su opinión?

Mi impresión es que el artista simplemente lo asumió, le dio igual. Es el precio a pagar. Y eso es triste. Probablemente ni siquiera le hizo sentir mal. Esto es el negocio, así funciona.
Por eso, en la mayoría de los casos, lees entrevistas fáciles, simples y prefabricadas, porque se formulan preguntas superficiales como: “¿Qué sientes cuando tienes 10.000 personas delante?” “¿De dónde sacas la energía?” Y la típica respuesta estándar: “Intento conectar con el público, es el mejor momento para mí…”. Eso sí se publica.
Pero si preguntas: “¿Cómo empezaste?” y la respuesta real es: “Vivía en Ibiza, trabajaba en un bar y un día tuve la oportunidad de pinchar…”, eso le parece demasiado poco glamuroso a un mánager. Pero esa es la verdad. Así es como funciona. Y básicamente así es como se mueve el nivel más alto. Los grandes artistas funcionan así.

Y luego, si bajas un poco más en la escala, ves la partida de ajedrez de una forma más… digamos, cutre, mediocre. Entrevistas que intentan sonar profundas y auténticas, pero no lo son. Y luego intentas conseguir bolos. Y empiezas a construirte un relato sobre ti mismo pensando en cómo crees que debes sonar para los demás.

Por ejemplo, puedo contarte otra historia personal de aquella época. Era una entrevista por email con un artista de techno emergente y bastante respetado. Me gustaba mucho su sonido. Pensé que valía la pena hacerla, incluso aunque fuera por correo.
Pero sus respuestas eran completamente aburridas, previsibles. Totalmente inaccesibles. Le pregunté algo como: “¿Y tu relación con los sellos? ¿Has tenido malas experiencias?” porque publicaba mucha música. Y todo era “perfecto”: “No, todos los artistas son buenos, todo funciona bien…”. Y este tipo de persona, cuando creció aún más, le pedí alguna premiere de vez en cuando… y ni siquiera respondía.
Entonces piensas: ¿qué está pasando aquí? Hay interés por hacerle una entrevista. Trabaja con una agencia de prensa para tener “ventajas promocionales”. Y cuando le das la oportunidad de expresarse, responde con puro relleno. Obtienes una entrevista previsible y aburrida de alguien que ni siquiera quiere ofrecer un mínimo de honestidad. Nunca volví a saber nada más de él.

Y aún tengo una historia peor. No se trata de hablar mal de la gente —sabemos que hay otras preocupaciones, otras formas de ver las cosas—, pero esto es lo que me tocó vivir. Y quizá yo tampoco fui lo suficientemente honesto conmigo mismo para preguntarme: “¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Por qué estoy intentando jugar a este juego para alcanzar a esta gente?”

Entrevisté a una artista emergente muy interesante. De hecho, me ofrecieron hacer la entrevista. Hicimos una conversación en directo; estuvimos como dos horas hablando. Ella estuvo genial, muy interesante. Fue una gran charla. Incluso seguimos hablando después por Instagram. Publiqué la entrevista, ambos compartimos el post. En ese momento ella estaba, digamos, en un punto medio-bajo, con una trayectoria interesante. Hacía ese techno con tintes trance. No como ahora, jugando a otra cosa, pero en aquel momento era una artista en ascenso, interesante. Sacó un lanzamiento que estaba bien —no era lo que más me gustaba del mundo, pero pensé: vamos a darle una oportunidad, podemos tener una buena conversación—. Y quedé bastante contento con la entrevista. Seguimos en contacto por Instagram: “Oye, voy a pinchar en Barcelona, quizá puedas venir”, ese tipo de cosas bonitas.

Y en un momento dado comenzó a crecer: más lineups, más todo… y dejó de responderme. Yo no la estaba molestando en absoluto; nos escribíamos de vez en cuando. Era algo como: “Hey, ¿cómo estás? He visto que vuelves a tocar en Barcelona”. Como no fui a ese bolo… silencio. Ninguna respuesta. Ninguna respuesta.

Parece que ya no eras “rentable”.

Exacto. Y al mismo tiempo, vi que empezaban a desaparecer varias publicaciones, incluida la entrada de Instagram donde había puesto algo como: “Hey, me han entrevistado en Vanity Dust”. Esa publicación fue eliminada. Vanity Dust dejó de estar entre sus seguidos. Ella y su mánager obtuvieron lo que querían de mí y, después… ¿a quién le importa? Simplemente “siguiente”, avanzar, seguir creciendo, cueste lo que cueste. Imagino que probablemente tuvo que ceder el control de todo a otra persona; antes seguramente aún gestionaba sus propias redes, y luego alguien tomó el mando y empezó a decidir qué era interesante y qué no, qué era “cool” y qué no, a quién seguir, quién no era lo bastante grande o relevante. Probablemente miraron el perfil, vieron 2000 seguidores o lo que fuera y, boom: eliminado, bloqueado, a trabajar el perfil hacia lo “verificado” y todo eso.

Al final, como periodista, no esperas demasiado de la gente a la que entrevistas o con la que colaboras; no es ese el sentido de mi trabajo. Pero cuando tienes una conversación de verdad con alguien, te abres, expones tu mente, dedicas tiempo y esfuerzo, te vuelves vulnerable de algún modo. Y ese es el precio de ser vulnerable: puedes salir herido.

Entiendo perfectamente de qué hablas. Yo tengo una experiencia distinta, pero similar en el fondo, con algunas personas del pasado.
Por ejemplo, hay un tipo al que conocí —diría que como amigo— durante varias noches en otro club en el que pinchaba regularmente durante un tiempo. Después del Covid, y con el paso del tiempo, el contacto fue disminuyendo y cada uno siguió su propio camino, lleno de cosas nuevas y emocionantes. Él, de hecho, tuvo mucho éxito con su nueva plataforma, con el apoyo de figuras importantes de la industria y nuevas conexiones que hizo tras mudarse a Berlín. En realidad, no puedo más que alegrarme por él.

Nos volvimos a ver una vez y mantuvimos algunas conversaciones breves, pero lo que cambió fue la intención del intercambio. Sentí que solo resultaba interesante y “relevante” para él cuando yo podía ofrecerle oportunidades o contactos. Y cuando esa sensación rara empezó a crecer en mi estómago, me di cuenta de que yo ni siquiera merecía ya un follow en ninguna plataforma.
Que no se me malinterprete: normalmente no me duele que alguien me deje de seguir, y yo mismo limpio mi feed y a quién sigo por distintos motivos. Pero cuando delante hay una conexión personal que se supone cercana y amable, también sientes que, al final, solo eras otro peldaño, otra opción dentro del juego para él.

EVENTO HYPERFOKUS · Alemania

Esta historia conecta totalmente con las que he compartido yo, y siento también que hayas tenido que pasar por algo así. Volvamos ahora a la música, porque también quería preguntarte por el podcast que vas a preparar para You Play I Write. Has dicho que te gusta pinchar sets largos, que a veces te gusta arriesgar y que te interesa llevarte a ti mismo hacia territorios que no son solo música de baile, o música de baile desde un enfoque muy diferente. ¿Qué ideas tienes para esta ocasión?

Todavía estoy evaluando dentro de mí qué es lo que quiero hacer, porque ahora mismo me siento muy cómodo y como en casa con lo que pincho y con la manera en que lo hago. Esto también está muy relacionado con toda la preparación que hice para mi sesión de 15 horas durante una noche entera. En especial, esta forma de trabajar con cuatro decks, superponiendo ambient, techno y otras capas para crear mi sonido de una manera más frágil y casi en directo, es algo que ahora mismo me atrae muchísimo. Aún estoy intentando encontrar la forma en que quiero enfocar tu mix. Acabo de empezar a recopilar temas de mi librería. Normalmente preparo unas 150 o 200 pistas para una sesión, creo una intro bonita y luego simplemente juego, experimento, veo qué se siente bien.

No tengo muy claro hacia dónde ir esta vez: si quiero hacer algo un poco diferente a lo que suelo hacer —porque también me gusta desafiarme— o si quiero aprovechar la motivación que tengo ahora con mi forma habitual de trabajar. Quise esperar especialmente a esta entrevista, porque creo que me ayuda a situarme mejor, a coger un pulso. Me resulta más fácil entrar en mi colección sin pensar demasiado, simplemente eligiendo temas que me gustan.
No quiero sentarme aquí pensando: “Necesito una idea, necesito ahora los temas que encajen en esta idea para optimizar mi visión…”. Ese era también el estrés habitual que tenía con los podcasts en mis primeros años. Tengo un enorme respeto por la gente que disfruta trabajando así, pero yo solo quiero ser libre y fluir lo máximo posible.

Así que dentro de unos días me sentaré aquí durante horas frente a mi setup y… no puedo prometerte qué saldrá exactamente, pero estoy bastante seguro de que será algo bonito, y eso es lo importante. Puede que vuelva a moverme entre el ambient y el techno. Amo la música ambient, y cada año la amo más.
De hecho, ahora mismo estoy planeando un evento diurno en un invernadero de mi ciudad. Quiero crear un entorno acogedor para una experiencia de escucha real. Estoy súper motivado con eso. Así que supongo que el ambient tendrá un papel importante en el podcast, y, como siempre, sobre todo, muchos sonidos bonitos. Es lo que persigo.

Ya no veo los temas como unidades sólidas. Para mí, lo único importante cuando suena una pieza de música es: ¿suena bien? ¿Se siente bien? ¿La estoy sintiendo ya desde esos tres primeros segundos de la intro?

Por ejemplo, tampoco me importan demasiado las voces en cuanto a su contenido. Me encantan las voces, me encanta la palabra hablada, me gustan sus texturas y sus frecuencias, pero no me importa lo que dicen. Solo quiero que suenen bien.
Me resulta incluso aburrido entender lo que dicen las voces, siendo sincero. Lo mejor es cuando no las entiendo. Así que supongo que ese será también mi enfoque aquí: ofrecer sonidos muy interesantes, dentro de lo que probablemente vuelva a ser, de algún modo, el universo de la música de baile.

Artistas incluidos en el podcast de Jan Goertz

A Sacred Geometry · adham shaikh · ÆKO· Akob · Alessio Landini · Altinbas · Ancestral Landscapes · Andre Walter · ANNE · Any Mello · Ariet · Astral Wanderer · Atomic Moog · Augusto Taito · Autolyse · Baal · Barbosa · Ben Gibson · Ben Kaczor · Ben Klock · Ben Reymann · Berg Jaär · Casual Treatment · Catartsis · Chris Liebing · Clara Levy · Claudio PRC · Cleric · Daniel[i] · Dax J · Decoder · DJ Dextro · Dorisburg · Efdemin · Eletun Selona · EREIB · Fergus Sweetland · Flaws · Fog Catcher · Formant Value · Franz Jäger · Frits Wentink & Erik Madigan Heck · Greyn · Had · Hidolas · Hitam · Ina Kacz · Ismael Pinkler · James Begley · Jeroen Search · Johan Krist · Joline Scheffler · Josh Wink · Ketch · Kevin Ferhati · Laima Adelaide· LDS · Leo Cologna · Louis The 4th · LUAR · Marconi Union· Marsch · Matasism · Mechanist · Mezer The Architect · Moses (IN) · Nils Edte · nimu · no.name · Noah Tauber · Noëtik · Ntogn · Ocyra · OTON · Overturn · Peppe Amore · Perfo · Phil Berg · Polygonia · Prismal · Property · Psyk · Purelink · Quelza · R.M.K · Rachel Lyn · Rambadu · Save Your Atoll · Scibor · Sepian · SHXR1 · Sindh · Solarythm · Stefan Goldmann · Teik Arô · The Knife · Trois-Quarts Taxi System · Tsott · Unit · Urlcst · Vanoni · Vinicius Honorio · Vinyl Speed Adjust · Winx · WSMN · Yogg · Z.I.P.P.O ·
👉🏻
Jan Goertz: Soundcloud · RA · Bandcamp
👉🏻
EXEKUTE: Soundcloud · Bandcamp
👉🏻
HYPERFOKUS: Soundcloud · RA